A LA LUZ DE LA VIEJA LUNA HECHICERA

A LA LUZ DE LA VIEJA LUNA HECHICERA/FRANCISCO CALVO SERRALLER.Los paisajes nocturnos que presenta Ángeles San José en Madrid profundizan en todos los matices de la oscuridad. En sus cuadros las densas tinieblas acogen leves resplandores figurativos. Bajo el manto de esa noche cargada de significados laten los colores al límite de su visibilidad, como flores de ceniza... leer+
ÁNGELES SAN JOSÉ
'Old Devil Moon'
Galería Antonio Machón
Conde de Xiquena, 8.1\Madrid
Hasta el 20 de febrero.

Siguiendo las trazas últimas de Ad
Reinhardt y Mark Rothko, pero también
la densa atmósfera de las negras
tintas orientales, la pintora Ángeles
San José continúa puliendo su fascinante
paisaje nocturno, ese que ahora
exhibe bajo la hermosa advo~ión de
-traduzco- la "vieja luna hechicera",
Aunque no le falten antecedentes históricos,
sobre todo, desde que la pintura
naturalista descubrió el rendimiento
melodramático del claroscuro, pintar
nocturnos no dejó de ser una rareza
hasta llegar a nuestra revolucionaria
época, que se hunde con pasión en lo
insólito y paradójico. Pintora que empezó
a destacar a fines de la década de
1980 para encontrar, cada vez mejor,
su camino durante la siguiente de
1990, en cuyos últimos años ya se
afincó en el trance pictórico de enfrentarse
con la imagen oscura, Ángeles
San José ha insistido en esa absorbente
y huidiza plasmación del negro, donde
rebullen todos los colores, pero allímite
de su visibilidad, porque el horizonte
así se achata entre tinieblas y se convierte
en un telón jaspeado de inciertos
brillos fugitivos. Todo un desafio.
Pero volver una y otra vez sobre el
mismo sortilegio pictórico nunca es en
vano, y, en este sentido, la apretada fijación
con que San José ha mirado ese
parpadeante espacio animado por turbios
resplandoresy la intensidad de su
pugna plástica por lograr enjaretar las
extrañas acumulaciones cromáticas que
pululan por la plana superficie cuando
se extinguen las luces, poblando las noches
de fulgores temblorosos y formas
opacas, ha dado un estimulante fruto,
de regusto hondo. El uso de una técnica
que mezcla el grafito y el óleo proporciona
a las imágenes nocturnas de
San José una textura entre lo mineral
y lo orgánico, un paisaje que brilla como
el carbón, pero también con la
sensual suntuosidad de unas flores
de ceniza. El blanco y el negro de este
jardin, con sus,a veces cegadores contrastes,
pero, otras, con su oceánico rebullir
de grises, nos va descubriendo
también los azules y violetas cobalto,
los sordos destellos del carbunclo y,
qué se yo, los mil matices que han convertido
la visión nocturna en el pozo
sin fondo del color, los colores, los
fríos visajes de esa belleza que acecha
en la oscuridad para exclusivo regocijo
de una vieja luna hechicera y de ese
pintor que se planta bajo su manto.