OLD MOON RIVER

OLD MOON RIVER/VICENTE LLORCA (De una visita al estudio de Ángeles San José. Las notas que van surgiendo.) leer+
El contraste de las franjas En los cuadros aparece de pronto una franja, monocroma, que rompe la continuidad de la tela. Esta franja se superpone o añade al marco, de forma visible, evidente y destacada. Nuestra visión queda así, por decirlo, desdoblada. El cuadro, la tela que habíamos visto es de alguna forma, dos cuadros, dos imágenes. Y la visión se refiere a ambos. Lo uno y su contrario, si se quiere. Sería muy fácil hablar del tema del doble. Pero no es el caso. Más bien de una ralentización. O una complejidad de la mirada. Algo así. En un determinado momento contemplamos una de las telas sin su complemento, sin la franja en el cuadro. En él, la visión ha quedado empobrecida. Volvemos al cuadro completo. Sobre la parte inferior se extiende de nuevo la franja monocroma. La visión, compleja entonces, más difícil porque está dividida, ha quedado ahora completada.

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La zona neutra Una zona neutra. La franja exhibe su objetividad. Nada más lejos de la lírica de los cuadros que esta franja evidente, neutra. En la tela, como parte de una visión que ahora se ha vuelto objetiva, por así decirlo. Nada se concede, en estos tiempos, sin su comentario: una nota, una negación, una complejidad imprescindible.

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La severidad Leo esta nota, pero no sé exactamente por qué la escribo. Espero que no sea lo evidente de esta exposición, de otras de Ángeles. Estas telas sin concesiones demasiado descriptibles. Creo más bien que se refiere a que toda lírica, todo contenido de la pintura se realizan aquí dentro de una ley severa, un orden infranqueable. Que es el propio de Ángeles, de su pintura, sin que nunca se transgreda ese universo severo y propio. Todo enunciado se efectúa dentro de las normas del lenguaje de la pintura. Toda variación es mínima – y profunda, por tanto. Cualquier alteración tiene un peso, un significado fundamental. No en vano es tan sutil, su equilibrio tan delicado. Cualquier voz, cualquier color podrían romper la sutileza del estudio, su calma, su trascendencia. Una luz de tarde ilumina los cuartos, las paredes del estudio. Las variaciones del día no la afectan. La exposición forma un conjunto, un recorrido, un paisaje único.

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La franja: distanciamiento. Enmarcamiento. El cómic: un relato Es sólo a través del enmarcamiento, de la viñeta en el comic, por ejemplo, que los relatos se efectúan en estos. O a través de la constitución de unos personajes, del diálogo, que aparecen en la obra dramática. O del relato dentro de otro relato en la narrativa moderna. No hay narración directa, sino por medio de los personajes, el marco, el corte que suponen cada escena dibujada, dramatizada, contada. En todo relato moderno se produce el distanciamiento. Ahora sí me pongo pedante y recuerdo la cita de Umberto Eco, en donde, aludiendo a nuestra condición posmoderna, recordaba aquella declaración amorosa en la que alguien decía: “Como diría X., te adoro”, aludiendo a lo inevitable de la cita, del distanciamiento, antes de cualquier enunciado concreto. Esto es, de decirle a la chica que sí, que bien. Si la tradición del cuadro aludía a su condición de “ventana” a través de la que se veía una imagen, una representación, es evidente que esta condición, la de marco, crea el distanciamiento adecuado para a partir de ahí realizar cualquier enunciado, cualquier relato, como tal. Esto es, como representación necesaria. Algo así ocurre en estas telas de Ángeles, en esta exposición esta vez. Se lo advierto y me doy cuenta de que me estoy poniendo pesado y cayendo en la incontinencia de las citas. Cualquier cosa que diga debe pasar por el distanciamiento de la cita, el marco necesario para extrañarse si es preciso, posibilitar las condiciones de la representación.

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El paisaje oriental En una profusa enciclopedia del padre Riviere, que leo estos días, aparece una curiosa fotografía del paisaje de la región de X, una remota región de la China, de la que desde luego lo desconozco todo. Lo curioso de la fotografía es que aparece en un tratado sobre pintura china y es talmente una pintura china. Esto es, las mismas colinas redondeadas, la misma niebla, los mismos árboles retorcidos sobre un fondo velado, la misma distancia confundida entre lo muy cercano y lo lejano. La región de X ha copiado la pintura china. O es que todos los pintores chinos, sigilosamente, pintaban allí. Esa constitución del paisaje como tema, más que como género. Esa curiosa constitución de un único paisaje, repetido en el fondo, en todas las telas. Como si toda poesía, todo enunciado, secretamente, no pudieran sino repetir un único enunciado, el único posible, el único digno de la pintura, en el fondo. El resto es silencio.

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La ausencia de profundidad: escenográfica Donde no hay perspectiva, no hay posibilidad de establecer lo cercano o lo remoto. Hablar entonces de un espacio ambiguo. Y denso. En una distancia indefinible, en un territorio que se mantiene siempre en suspenso. Detrás, pero nunca en un segundo plano. (¿Cómo podría haberlo? No hay un primer plano, ni un punto de fuga, ni nada que se aleje, en esta pintura.) Sí, en cambio, esta posibilidad de la representación, casi escenográfica, a la que he aludido. Esto es, la constitución de un marco, un límite distante y objetivo, un doble monocromo. En él se produce entonces la representación. Como la preparación del escenario. En su marco delimitado, todo drama, toda escena tiene lugar.

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Sombras desde un autobús en marcha Viajamos en un autobús. El itinerario es, desde luego, urbano. Está lleno de gente. Carecen ahora de rostro, porque lo que vamos mirando es más bien el paisaje que se contempla desde las ventanas en movimiento. Vemos a través de un brazo que se eleva, una espalda oscura, unas siluetas borrosas. No sé por qué, es invierno. Es un paisaje de abrigos, ropas oscuras. La lluvia moja los cristales y difumina aún más la visión. También el vaho que empaña los cristales, la niebla, el agua fuera. No hay un objeto, un lugar reconocible apenas en lo que vamos viendo. Sino la ciudad, su transcurso. El invierno a través del autobús en movimiento, las sombras de la gente, las calles que no cesan: una esquina difusa, unas luces en la acera, el reflejo de una vitrina, los bultos de incierto nombre... De incierto nombre. No podemos nombrar, en efecto, pero nos fascina esta visión en movimiento. Fugaz, nublada, en un espacio que es el de la sombra, el itinerario, la ciudad y sus objetos sin nombre. Como sombras, como lluvia, como el instante que se desvanece entre el humo y la niebla.

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Paisaje urbano nocturno. Esta nota se refiere a lo anterior. He debido de quedarme impresionado con un cuadro en concreto, porque se repite. Pero no recuerdo exactamente cuál. Pienso ahora en una película, la visión en movimiento, las sombras. Tiene que haber alguna que sirve de ejemplo. Pero tampoco sé decir cuál.

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“Omeros”, el diálogo entre las partes. La lírica se encuentra limitada por la franja, por decirlo así. La forma del tríptico alude a una visión compleja, a un enunciado ambiguo, a una contradicción.

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Teoría del haiku. Las ramas sobre fondo oscuro. Imaginar un texto a modo de haiku. Los elementos serían algo así como las ramas desnudas, el trazo negro, el fondo oscuro, la niebla. Una ventana, quizás.

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“Old devil moon” Suena una canción en el estudio. Ángeles me explica que es la que le da nombre a la exposición. “Old devil moon” se titula. Curiosamente es una canción de ambiente sureño. A mí me recuerda una película que vi hace unos años y que me encantó entonces. “Man of the Moon” se titulaba y era de ambiente sureño. Pero no sé si es por el título.

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Teoría del espacio en el paisaje japonés- las flores, el fondo Pienso en repasar unos textos que leí hace tiempo, notas sobre los delicados, memorables pintores japoneses.

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El fondo. Indefinible Ese espacio que nombra la pintura de Ángeles San José, en el que se crea un espacio indefinible, como suspendido en una tierra de nadie. Una suspensión japonesa y poética. Sobre su sombra se realiza el trazo, el dibujo. La rama, el estanque.

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“Imágenes del agua.” I Me encanta titular así una tela. Imágenes sobre el agua.

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“Imágenes del agua” II Me encanta que se repita esa tela. Si no hay un objeto preciso de la contemplación, sino un recorrido por un paisaje suspendido y poético, todas las telas, todos los cuadros no son entonces sino una nota más, una definición más, una precisión más. De lo indefinido, de lo impreciso. La lluvia cambia las cosas, constante.

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Tríptico: la lluvia sobre el estanque. Esa visión, nublada, sin objeto preciso, móvil. Las gotas caen sobre un estanque. Este es antiguo y turbio. Ecos de hojas, ramas, un lodo turbio, se adivinan sobre el fondo. La lluvia sigue cayendo, y altera la superficie del estanque, agitado y confuso y remoto.

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Tríptico: la división en franjas sobre lo mismo Acotar esta visión. Enmarcarla y separarse de ella. Algo de urbano aparece entonces. Quizá nuestra mirada urbana sea fragmentaria, escéptica siempre.

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“Homenaje a Henry Michaux”. Ángeles me comenta el título. Recordar entonces los garabatos de Michaux, una lectura juvenil de “Un bárbaro en Asia”. Los monigotes, la revelación nerviosa.

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La bruma sobre las colinas Una tela como un paisaje oriental. La bruma cubre las colinas. Todo permanece en suspenso, en su lugar exacto.

Vicente Llorca.
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